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Imagina todo lo que podrías hacer cada día si únicamente necesitases dormir 4 horas al día. Si alguna vez lo has intentado, habrás notado que al día siguiente no resulta nada fácil levantarse y mucho menos volver a tener un día productivo. Aunque parezca increíble, esto es posible para un pequeño porcentaje de la población.

Se calcula que, de media, todas las personas necesitamos alrededor de 8 horas de sueño al día para poder descansar y que el cuerpo se recupere por completo. Sin embargo, hay personas que únicamente necesitan dormir entre cuatro y seis horas. Es a los que se denomina con el término “short-sleepers”.

Los Short-sleepers se diferencian de las personas con insomnio, puesto que no presentan problemas para quedarse dormidos, ni se encuentran fatigados tras una noche con únicamente 5 o 6 horas de sueño. Las personas que sufren este tipo de síndrome, duermen igualmente pocas horas también durante el fin de semana o las vacaciones y no necesitan echarse una siesta para compensar la falta de sueño.

Se trata de una cuestión que ha empezado a ser estudiada muy recientemente. Hasta el momento, todo parece indicar que la necesidad de ciclos de sueño más cortos empieza a mostrarse desde la infancia y que el origen podría encontrarse en los genes. Se estima que un 1% de la población podría ser considerada short-sleeper.

Trabajar, aprender un idioma, ir al gimnasio, cocinar, cuidar de los hijos, mantenerse al día con las series, leer, encontrarse con amigos… Es difícil encontrar a una persona a la que le sobre tiempo. De hecho, lo más habitual es ir aplazando tareas para el fin de semana o las vacaciones y cuando estas llegan, pasan volando sin que dé tiempo a hacer la mitad de cosas que teníamos planificadas. Dentro del frenético ritmo de vida que se lleva en la actualidad, los short-sleepers podrían considerarse un grupo de privilegiados con súper poderes.